A veces algunas películas dejan entrever, a través del horror, algo que ya está ocurriendo en la cultura, pero el lenguaje del cine permite verlo claramente. Obsession (2025), del director y youtuber Curry Barker, es una de esas películas.
Con un presupuesto de menos de un millón de dólares y filmada en 20 días, recaudó 148 millones a nivel mundial; el éxito de taquilla también dice algo sobre el nervio que tocó.
La premisa es simple. Bear (Michael Johnston) es un empleado de una tienda de música, tímido, enamorado de su amiga de la infancia Nikki (Inde Navarrette). En lugar de animarse a decirle lo que siente, compra en un negocio de antigüedades un artefacto llamado "One Wish Willow" (un juguete que supuestamente concede un deseo si se lo rompe) y pide que Nikki lo ame más que a nadie en el mundo. El deseo se cumple. Y ahí empieza el horror.
Este artículo propone leer esa historia desde dos marcos teóricos: la filosofía de Byung-Chul Han sobre la erosión del Eros en la cultura contemporánea, y la clínica psicoanalítica desde Jacques Lacan sobre la constitución del sujeto y su relación con el deseo del Otro.
I. La lógica del deseo que no soporta el "no"
Bear se percibe a sí mismo como un "buen chico": sensible, paciente, merecedor de una oportunidad, y ahí reside exactamente la trampa que la película desmonta.
En su libro La agonía del Eros, Byung-Chul Han describe una paradoja del sujeto contemporáneo: vivimos en una época de abundancia de opciones para el amor, y sin embargo el Eros se encuentra en agonía. ¿Por qué? Porque el Eros requiere algo que esta cultura no tolera fácilmente: la alteridad radical del otro.
El Eros, para Han, va mucho más allá de la atracción o el deseo de fusión: apunta hacia algo que no se deja poseer, que nos excede, que nos transforma. Requiere lo que él llama la "atopía" del otro: su cualidad de ser irreductible, de sustraerse a nuestro control. Es esa diferencia la que genera el deseo. Cuando el otro se vuelve predecible, transparente, accesible en todo momento, el deseo se extingue.
Bear rechaza esa alteridad. No ama a Nikki como sujeto autónomo; él está enamorado de una imagen que él mismo construyó. Cuando ella no responde a esa imagen, o sea, cuando no le da el "sí" que él necesita, Bear no soporta el rechazo. En vez de aceptar la impotencia del deseo no correspondido, usa el poder (la varita) para forzar la reciprocidad.
Han llamaría a esto el paso del Eros a la posesión. Y la consecuencia es exactamente la que muestra la película: al obtener lo que pedía, Bear no obtiene amor, sino a una esclava.
"Al forzar el amor, el otro deja de ser un Tú para convertirse en un objeto consumible."
Esto plantea una paradoja clínica que la película muestra muy bien: al eliminar el deseo autónomo de Nikki, Bear también destruye la fuente de su propio deseo. Ahora ya tiene lo que quería pero está peor que antes.
II. La des-subjetivación de Nikki: cuando el otro desaparece
El horror central de Obsession opera en un registro diferente al del gore sobrenatural: lo que le sucede a Nikki.
Antes del deseo, Nikki es inteligente, sarcástica, autónoma. Después del deseo, se convierte en otra cosa: una versión mecánica de sí misma, que ama a Bear con una intensidad maniaca y parece haber perdido acceso a su propio pensamiento. Los gritos repentinos, los actos de violencia contra sí misma, el doble perturbador que parodia la toxicidad de Bear tienen una lógica clínica.
El fading del sujeto
En la teoría lacaniana, el sujeto aparece y desaparece en el lenguaje: algo que se constituye en el vínculo con el Otro y puede ser obturado por su demanda. Lacan llamaba fading (eclipse, desvanecimiento) a ese fenómeno.
Nikki sufre ese eclipse de manera radical. Su deseo (que es lo que la constituye como sujeto) es reemplazado por el deseo de Bear. Ella ya no desea: es deseada para cumplir un deseo ajeno. Su cuerpo sigue funcionando, pero ella, como sujeto, ha sido borrada. Lo que queda es la versión de Nikki que Bear necesitaba que existiera.
Pero este eclipse de Nikki va más allá todavía. El psicoanalista Éric Laurent, en su trabajo sobre la clínica del autismo, describe lo que ocurre cuando el cuerpo de un sujeto deja de estar articulado por agujeros que permitan que algo se vacíe en algún lugar1; un cuerpo sin vias de descarga, invadido por la excitación, el cual ya no tiene dónde depositarla, y entonces el sujeto mismo "se vacía". Esta imagen describe lo que la película muestra en Nikki después del deseo de Bear: su deseo fue sustituido, y el cuerpo deja de ser un lugar habitable al mismo tiempo. Ya no hay un adentro donde alojar lo que le pasa, y por eso lo que le pasa se desborda hacia afuera, en gritos, en violencia sobre sí misma, en una intensidad que no encuentra cauce.
El cuerpo como lugar de lo real
Cuando el sujeto pierde su voz, cuando no puede simbolizar lo que le está pasando, el conflicto retorna en el cuerpo. Los gritos de Nikki, sus episodios de autolesión, no son simplemente efectos del horror sobrenatural: son los únicos rastros de que algo en ella todavía resiste. Son lo que Lacan llamaría la irrupción de lo real: aquello que no puede ser representado y que por eso irrumpe como exceso, como grito, como violencia sobre el propio cuerpo.
Nikki sufre en un infierno interior mientras su cuerpo actúa una comedia romántica. El dolor físico es la única prueba de existencia que le queda.
Laurent va incluso más lejos al pensar el estatuto de la voz en estos cuadros. Cuando ya no hay un sujeto que pueda servirse del lenguaje para representar lo que le pasa, hablar deja de ser un acto que transmite un sentido: se vuelve, dice Laurent, un "acontecimiento de cuerpo", un arrancamiento real. No como en la historia en la que hay un síntoma que pueda interpretarse: es el cuerpo mismo extrayendo algo de sí, como quien se desprende de un objeto del que no puede separarse de otro modo. Por eso los gritos de Nikki no remiten a un significado oculto que haya que descifrar. Son, literalmente, lo único que le queda como acto de enunciación: la última forma en que ese cuerpo puede decir que ahí, todavía, hay algo.
La "Freaky Nikki" y el transitivismo
Hay un momento particularmente inquietante en la película: cuando aparece una versión de Nikki que empieza a imitar y parodiar la toxicidad de Bear. La "Freaky Nikki".
Lacan describió el fenómeno del transitivismo ya en su tesis de 1932 sobre la paranoia, en una de sus formas más tempranas. La idea, tomada de la psicología infantil, es que en el momento en que el yo se constituye por identificación con la imagen del otro, las posiciones de agresor y agredido todavía no están fijadas: son intercambiables desde el origen. Un chico que pega también puede llorar como si le hubieran pegado a él, o decir "él me pegó" cuando fue al revés. Lo propio y lo ajeno todavía no están del todo separados.
En el caso clínico que Lacan analiza en esa tesis (el de Aimée, una mujer que ataca a una actriz), esto se vuelve más claro: Aimée castiga en la otra algo que en realidad es un conflicto propio, algo que ella misma no puede tolerar desear. El conflicto es suyo, pero solo puede aparecer bajo la forma de algo que el otro le hace. Es una autopunición que necesita pasar primero por afuera para poder ser vivida.
Algo de esa misma lógica organiza la aparición de la Freaky Nikki. No es simplemente una versión distorsionada de Bear que aparece afuera, amplificada por un espejo. Es la estructura misma de su deseo, posesivo, totalizante, que no tolera la falta, la que vuelve ocupando el lugar del otro. Bear creó una esclava, y lo que no podía reconocer como propio en ese gesto (que amar, para él, era exactamente eso: poseer sin resto) ahora le llega desde Nikki, como si fuera ella la que lo persigue a él. La autopunición está ahí: Bear termina castigado por lo que él mismo instaló, pero solo puede vivirlo como algo que le hacen, no como algo que hizo, de modo que Bear termina experimentando el asfixiante parasitismo que él mismo impuso.
Lo más perturbador de la Freaky Nikki, entonces, más que ella sea una versión monstruosa de Nikki, es que es exactamente el mensaje de Bear, dirigido a Bear, desde el lugar donde él creía haber instalado a su objeto. Él puso ahí algo que pudiera amarlo sin condiciones, sin resto, sin alteridad. Y lo que recibe a cambio es esa misma lógica devuelta como acoso, como exigencia, como posesión total, pero ahora dirigida hacia él. El espejo no le muestra a Nikki. Le muestra a Bear lo que él mismo había sido todo el tiempo, solo que ahora no puede negarlo ni desviar la mirada.
III. El "Nice Guy" como estructura clínica
La lógica clínica del personaje de Bear resulta bastante reconocible dentro de la estructura obsesiva que Lacan describió.
El obsesivo, en la estructura lacaniana, tiene una relación particular con el deseo: lo necesita imposible para poder seguir deseando. Mientras Nikki no lo correspondía, Bear podía idealizarla sin riesgo. La amenaza real para el obsesivo llega cuando el otro lo acepta: en ese momento, tiene que enfrentar la castración, la falta, el hecho de que ningún objeto colma realmente el deseo.
Bear evita ese encuentro usando la magia. No se expone a la vulnerabilidad del deseo real, no tolera el "no puede poder" que implica amar a alguien que tiene su propia vida, su propio deseo, su propia alteridad. Prefiere la fantasía (aunque sea monstruosa) antes que la ausencia.
Hay una frase que el director Curry Barker señaló en entrevistas: "Bear no consigue amor, consigue un esclavo". Pero hay algo más que eso: al esclavizar el deseo de Nikki, Bear queda a su vez esclavizado a lo que esclavizó, ya que deseo se extingue porque ya no hay un Otro que le responda desde su propia diferencia.
La positividad absoluta del deseo cumplido se vuelve monstruosa; sin la resistencia del otro, el amor pierde la tensión que lo hacía posible y deriva en pesadilla.
IV. Lo que el cine de terror muestra e ilustra la teoría
Las mejores películas de terror son las que capturan algo de la cultura difícil de expresar, y lo vuelven visible a través del horror. Obsession lo hace con la lógica del deseo posesivo en la era del narcisismo.
El personaje de Bear condensa una figura cultural bien reconocible en la década de 2020: el hombre que se percibe como "buena persona" y que, precisamente por eso, siente que merece ser correspondido. El resentimiento que surge cuando el otro no cumple esa expectativa, la incapacidad para tolerar la autonomía ajena como algo legítimo y no como un obstáculo.
La película no tiene una mirada moralizante ni condenatoria. Lo muestra con empatía suficiente para que resulte incómodo: porque Bear es también un sujeto sufriente, atrapado en su propia lógica, sin las herramientas para salir de ella.
Conclusión posible
Obsession es molesta e incomoda. El director Curry Barker lo dijo sin rodeos: su cine busca provocar angustia, incomodidad, ansiedad. Y lo logra. Muestra (un sujeto que no puede tolerar la alteridad del otro, que prefiere destruirlo antes que aceptar su irreductibilidad) es algo que no ocurre solo en las películas de terror.
El amor que aplasta la autonomía del otro termina destruyendo también al que lo ejerce.
Y eso, paradójicamente, es lo más esperanzador del filme: que muestra la catástrofe con suficiente claridad como para que valga la pena pensar en ella.
1 Para Laurent (siguiendo a Lacan), el cuerpo no es solo el organismo biológico, sino una superficie que el lenguaje y la relación con el Otro perforan en ciertos puntos: boca, ano, oídos, ojos, etc. (los llamados orificios pulsionales). Esos agujeros no son simplemente anatómicos; son los lugares donde algo del cuerpo puede salir o entrar en relación con el Otro: la voz que sale por la boca, la mirada que entra por los ojos, lo que se evacúa, lo que se incorpora.
Marco teórico de referencia
- Han, B.-C. (2012). La agonía del Eros. Herder.
- Lacan, J. (1966). Escritos 2. Siglo XXI.
- Lacan, J. (1964). El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.
- Lacan, J. (1932/1976). De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Siglo XXI.
- Laurent, É. (2013). La batalla del autismo: De la clínica a la política. Grama Ediciones.
Obsession (2025). Dir. Curry Barker. Producción: Blumhouse Productions / Capstone Pictures. Distribución: Focus Features (EEUU) / Universal Pictures (internacional). Estreno en cines: 15 de mayo de 2026. Duración: 109 minutos.
Material de divulgación · No reemplaza la consulta profesional · © Lic. Javier Azarola · psicoazarola.com.ar
También puede interesarte
Diván Ψ Cine — todas las lecturas psicoanalíticas del cine Tren a Busan: el padre que llegó tarde La pared que nos mira: extimidad, malestar urbano y deseo en Medianeras El suplente: lo que transmite quien no tiene cargo El padre que no sabe pero está: Homero Simpson y la función paterna¿Algo de esto resonó con tu propia historia?
Psicoterapia online para adultos y adolescentes · Sin lista de espera Hacer una consulta