Hay algo que le pasa a casi todo el mundo y que muy poca gente se detiene a pensar: subís una foto, la mirás diez veces antes de publicarla, la publicás, y en los primeros minutos revisás la pantalla con una ansiedad que no tiene nombre. ¿De dónde viene eso?
No es únicamente ego, ni superficialidad, ni debilidad de carácter. Es un funcionamiento psíquico muy viejo, que se repite bajo una tecnología nueva. Jacques Lacan lo describió hace casi ochenta años con un concepto que hoy suena más contemporáneo que nunca: el estadio del espejo.
El espejo que nos inventó
Entre los seis y los dieciocho meses de vida, un bebé hace algo que parece trivial pero que va a marcar todo lo que viene después: se ve en un espejo y se reconoce. Lo que Lacan observó en eso no fue un logro cognitivo sino una paradoja. El bebé, que todavía no domina su cuerpo —que se siente, en términos psicoanalíticos, como un conjunto de piezas sin centro—, ve en el reflejo una figura completa, armónica, unificada. Y esa imagen le devuelve algo que él solo no tiene: la ilusión de ser alguien entero.
Desde ese momento, el yo no es algo que uno tiene adentro. Es algo que se construye desde afuera, a partir de una imagen que viene del espejo y de la mirada de los demás. Lacan lo llamaba un complemento ortopédico — algo que suple una insuficiencia de origen, que tapa un hueco que, en rigor, nunca va a desaparecer del todo.
«El yo es siempre un poco ilusorio: un espejismo formado por las identificaciones que tomamos del exterior.»
— Lacan, Escritos 1, 1949
Eso no es una falla. Es la condición humana. El problema es lo que pasa cuando el espejo pasa a ser una pantalla de 6 pulgadas con millones de usuarios del otro lado.
Instagram como espejo digital: la autoestima y los likes
Construir un perfil en Instagram es, en estructura, lo mismo que ese primer reconocimiento frente al espejo. Elegís la mejor foto, aplicás el filtro que suaviza, recortás lo que no querés que se vea, publicás el momento de éxito y no el de la duda. Lo que queda en el perfil es una versión tuya más coherente, más brillante y más completa que la que se levantó a las 7 de la mañana sin energía para nada.
Ese yo-digital es el reflejo especular moderno: la imagen que oculta el desorden cotidiano y proyecta hacia afuera algo que se siente como más real, más verdadero, más vos-como-querés-ser. El problema es que esa imagen necesita algo que el espejo del baño no necesita: la mirada del otro.
La imagen curada: el perfil como versión ideal de uno mismo, que oculta la fragmentación de la experiencia real.
La mirada del Otro: likes, comentarios y seguidores como sanción numérica de que esa imagen vale.
La brecha inevitable: la distancia entre la imagen publicada y la experiencia real es lo que genera el deseo de publicar más, editar más, buscar otra foto.
¿En qué parte de tu día sentís que la imagen que mostrás en redes se aleja de lo que sentís en tu cuerpo y en tu vida?
En la teoría lacaniana, el bebé frente al espejo también necesita que alguien confirme lo que está viendo. Busca la mirada del adulto, espera que algo en esos ojos le diga: sí, eso que ves ahí sos vos, y es bueno. En Instagram, ese lugar lo ocupa un Otro generalizado y múltiple — no una persona sino una masa anónima que sanciona la imagen con métricas. Likes, reproducciones, respuestas a la historia. Cada interacción es una pequeña confirmación de que existís, de que la imagen que proyectás tiene valor.
El asunto es que esa confirmación nunca cierra. Cuando llegan los likes se siente bien, pero dura poco. Enseguida aparece la pregunta por el próximo posteo, por la foto que podría funcionar mejor, por el momento que todavía no capturaste. Freud lo explicaba con el narcisismo secundario: cuanta más energía psíquica se invierte en sostener la imagen ideal, más se empobrece el registro de uno mismo en lo cotidiano. Y así, paradójicamente, personas con perfiles impecables pueden sentir un vacío profundo cuando la validación externa flaquea.
Aclaración importante: esta búsqueda de reconocimiento no es en sí misma un problema. Necesitar ser vistos y sentir que importamos es algo humano y legítimo. Se vuelve problemático cuando la pantalla pasa a ser la única forma de sentirse existente y valioso — cuando el like reemplaza al vínculo en lugar de complementarlo.
La comparación en redes sociales: por qué siempre perdemos
Lo más corrosivo de Instagram no es lo que publicás sino lo que mirás. Cuando recorrés el feed de un influencer o incluso el de alguien de tu entorno, no estás viendo una vida — estás viendo una curaduría. Pero el cerebro no lo procesa así. Lo que percibe es la imagen completa, armónica y sin fisuras de otro, y la contrasta con la experiencia fragmentada, interna y contradictoria de uno mismo.
¿Te pasó que subiste una foto de un momento bueno y, en lugar de disfrutarlo, te obsesionaste con cuántos likes llegaban en los primeros minutos? Eso es la comparación operando: no entre vos y otro, sino entre lo que mostrás y lo que esperabas que ese mostrar produjera.
Esa comparación es estructuralmente injusta porque siempre se pierde. Lo que el otro muestra es su mejor versión editada; lo que uno tiene como referencia de sí mismo es todo — incluyendo la duda, el cansancio y el momento en que la foto salió mal. Estudios recientes sobre adolescentes y jóvenes adultos muestran una correlación consistente entre el uso intensivo de la app y la reducción de la autoestima. No es una casualidad: es la lógica del espejo lacaniano operando a escala masiva.
«El sujeto nunca alcanza plenamente la imagen que ve en el espejo. Esa distancia es lo que funda el deseo como búsqueda incesante de algo más.»
— Lacan, Seminario 2, 1954-1955
No se trata de demonizar las redes. Instagram no inventó la necesidad de ser vistos ni el dolor de sentirse insuficientes — eso es anterior y más profundo. Lo que sí hace es amplificar esa dinámica, volverla constante y darle una métrica numérica que antes no existía. El resultado es una búsqueda que no se cierra: más contenido, mejor edición, otro ángulo, otra oportunidad de que la imagen finalmente alcance.
Entender todo esto no es solo un ejercicio intelectual. Es una forma de mirar distinto lo que pasa cuando abrís la app y sentís ese malestar familiar: la comparación, la foto que no alcanzó lo que esperabas, la historia que revisaste demasiadas veces para ver quién la miró.
Esas dinámicas no son "algo raro de tu mente" — son parte de cómo el deseo, la falta y la necesidad de reconocimiento operan en la era de la imagen perfecta. Tienen historia, tienen lógica, y se pueden trabajar.
En una consulta de psicoterapia, se puede explorar qué se está buscando ahí, qué hueco se intenta tapar con cada like, y qué pasaría si esa energía encontrara otros destinos: otras formas de existir, de ser visto y de sentirse válido sin depender tanto de la pantalla.
Referencias bibliográficas
- Bernal Parraga, A. P., et al. (2025). El impacto del uso de redes sociales en la autoestima de adolescentes. Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar, 9(1), 498-517.
- Dolto, F., & Nasio, J. D. (2006). El niño del espejo (G. Klein, Trad.). Gedisa. (Obra original publicada en 1987).
- Freud, S. (1979). Obras completas (Vol. 14). Amorrortu editores.
- Freud, S. (1992). Obras completas (Vol. 19). Amorrortu editores.
- Lacan, J. (2009). El estadio del espejo como formador de la función del yo. En Escritos 1. Siglo XXI. (Obra original de 1949).
- Lacan, J. (2017). El Seminario, Libro 2: El Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica. Paidós. (Seminario 1954-1955).
- Ortega, F. (2019, octubre). Narcisismo, redes sociales y resistencias a un análisis posible. Revista Topía.
Material de divulgación · No reemplaza la consulta profesional · © Lic. Javier Azarola · psicoazarola.com.ar
¿Reconocés algo de esto en tu relación con las redes?
En mi experiencia clínica veo cómo, en jóvenes y adultos, el gesto cotidiano de abrir la app, publicar, comparar y revisar se vuelve un modo de sostener la propia identidad — a veces en lugar de construirla desde adentro. En una consulta se puede trabajar ese vínculo entre la pantalla y la autoestima, y explorar qué se necesita para sentirse suficiente más allá de un número de likes. Psicoterapia online para adultos y adolescentes · Sin lista de espera Hacer una consulta