Salud Mental · Divulgación

Ansiedad: lo que el diagnóstico no alcanza a decir

Qué aporta el DSM-5, qué propone el psicoanálisis, y por qué la diferencia importa cuando sos vos el que sufre.

Lic. Javier Azarola
Lic. Javier Azarola Psicólogo clínico · Mat. N° 89.410

La palabra "ansiedad" circula hoy con una facilidad que debería inquietarnos. Se usa para nombrar desde el nerviosismo antes de una presentación hasta una crisis que paraliza durante semanas. Esa fluidez no es inocente: cuanto más se generaliza la etiqueta, menos dice sobre quien la lleva.

Hay dos modos de leer la ansiedad que conviven —y a veces colisionan— en la clínica actual: el que propone el DSM-5 y el que viene del psicoanálisis. No son incompatibles, pero sí responden preguntas distintas. El primero describe qué le pasa al paciente. El segundo pregunta por qué le pasa a esa persona, en ese momento, con esa historia.

El DSM-5 y el valor de la foto

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales clasifica los trastornos de ansiedad según el objeto o la situación que dispara el miedo y la evitación (APA, 2014). Sus dos figuras más frecuentes son el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) —una preocupación persistente, excesiva y difícil de controlar— y el Trastorno de Pánico, definido por episodios súbitos de miedo intenso acompañados de síntomas físicos que suelen vivirse como una emergencia médica.

La utilidad del DSM-5 es real: ofrece un lenguaje común, orienta el tratamiento y permite comparar resultados. Pero su límite también es claro. Al centrarse en síntomas observables y criterios de duración, puede dejar afuera lo más relevante clínicamente: el conflicto que sostiene el síntoma, la historia que lo hizo posible. Como señala Marín (2024), tratar la ansiedad solo en sus manifestaciones es similar a bajar la fiebre sin investigar la infección que la produce.

«La ansiedad deja de ser solo un trastorno para entenderse como un grito de terror ante un conflicto que el sujeto aún no puede nombrar.»

— Marín, 2024

Freud y el cuerpo que habla sin palabras

Hace más de un siglo, Freud distinguió entre las neurosis de transferencia —donde el síntoma tiene un sentido que puede ser descifrado— y las neurosis actuales, donde la angustia no pasa por representaciones mentales sino que se descarga directamente en el soma (Freud, 1916–1917). En estas últimas, la energía libidinal no encuentra un canal simbólico y se vuelca sobre el cuerpo.

Esta distinción sigue siendo clínicamente valiosa. El ataque de pánico contemporáneo puede leerse, en muchos casos, bajo la lógica de lo que Freud llamó angustia automática: una irrupción de excitación que el aparato psíquico no logra ligar a una palabra, y que se manifiesta como desborde orgánico. La persona siente que se muere, que pierde el control, que enloquece —y sin embargo no hay daño físico. El cuerpo está diciendo algo que todavía no tiene forma de decirse de otro modo (Aguirre, 2024).

Dos lógicas del síntoma ansioso

Neurosis de transferencia: la angustia tiene un sentido inconsciente, está ligada a representaciones y puede ser trabajada en la palabra.

Neurosis actual: la tensión no tramitada se descarga directamente en el cuerpo. El pánico como forma extrema de este mecanismo.

Lacan: ¿a quién le respondemos cuando nos exigimos tanto?

Desde la clínica lacaniana, la ansiedad se piensa en relación con el deseo y con lo que Lacan llamó la vacilación del Gran Otro: ese conjunto de normas, expectativas y figuras de autoridad que organiza el mundo del sujeto (Fua Púppulo, 2022). Cuando ese sostén falla —o cuando sus demandas se vuelven imposibles de satisfacer— aparece la angustia.

El sujeto contemporáneo vive bajo un superyó de eficiencia: no el de la moral clásica que prohíbe, sino uno que exige sin descanso ser productivo, exitoso, feliz, presente. Esta presión aplasta la subjetividad. Y muchas veces el cuerpo dice "basta" con un ataque de pánico antes de que la persona pueda siquiera formular que algo no está funcionando (Marín, 2024).

¿Qué cambia si miramos más allá del síntoma?

La pregunta clínica no es solo "¿cómo se suprime la ansiedad?" sino "¿qué está sosteniendo este síntoma en la economía subjetiva de esta persona?". El síntoma, en la perspectiva psicoanalítica, no es un error: es una solución —costosa, perturbadora, pero solución al fin— ante algo que no tiene otro modo de expresarse.

Esto no significa que la medicación no tenga lugar. En momentos de crisis aguda, reducir la intensidad del síntoma puede ser necesario para que el trabajo clínico sea posible. Pero la medicación como único abordaje deja intacto lo que produce la ansiedad. El objetivo del tratamiento, desde esta perspectiva, es que el malestar pueda convertirse en palabra: que el sujeto se haga una pregunta sobre su síntoma en lugar de solo padecerlo.

«La ansiedad es el vértigo de la libertad: el peso de tener que elegir, y el duelo inevitable por todo lo que queda afuera en cada elección.»

— Marín, 2024

La dirección de la cura no apunta a la supresión del síntoma como fin en sí mismo, sino a que el sujeto pueda habitar su deseo en lugar de quedar paralizado por la angustia. Que algo de la historia personal pueda ser dicho, elaborado, y que ese decir alivie la presión que el cuerpo venía absorbiendo solo.

Referencias bibliográficas

  1. Aguirre, L. (2024). Lecturas psicoanalíticas del pánico y la ansiedad. Revista Psicoanálisis: ayer y hoy, (30).
  2. American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) (5.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.
  3. Freud, S. (1916–1917). Conferencias de introducción al psicoanálisis (Parte III). En Obras completas (Vol. 16). Amorrortu.
  4. Fua Púppulo, V. (15 de julio de 2022). Cómo pensar la ansiedad y la demanda en la clínica psicoanalítica lacaniana [Video]. YouTube.
  5. Marín, J. L. (18 de octubre de 2024). Ansiedad: ¿trastorno o herida emocional? [Video]. YouTube.

Material de divulgación · No reemplaza la consulta profesional · © Lic. Javier Azarola · psicoazarola.com.ar

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